viernes, 27 de julio de 2007

Antonio Espina

Tuve que ir a Madrid para encontrarme contigo, una tarde de verano, por la calle Montera, camino ya yo también del desengaño y de la desaparición, como el antiguo Café de la calle Carretas donde tu amigo mejor ejercía de solitario, asilado de todos los vientos, greguerístico. Contigo, Antonio, me fui de copas lunares y me zampé todo el desprecio que los poderes públicos, aunque con frecuencia lo disfrazan de homenaje, otorgan a los seres verdaderos y valientes. Tuve que ir a Madrid para encontrarme contigo, también yo ya desfigurado por el desconsuelo de los torpes y sus ejércitos.